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PROJECTE DOCUMENTAL MIQUEL GRAU

En Alacant el mataren

 

Una sociedad decente es aquella cuyas instituciones no humillan a ningún ciudadano

                                                              Margalit

 

Sobre el blog

La etapa que iba a traer la democracia en España no fue sino una prolongación del franquismo, un período de violencia indiscriminada que causaría heridas profundas en quienes vivieron aquella época. Pero también en quienes la recibieron como herencia.

Durante la Transición española se extendió por el país la represión, se mantuvo la censura y se reafirmó el silencio con el fin de esconder los hechos dramáticos y miserables del pasado. Efectivamente, el daño y el dolor sufrido en aquellos años ha llegado hasta nosotros como un peso enrome, incómodo, y a veces insoportable.

A Miquel Grau lo perdimos un día de 1977. Sucedió en Alicante, pero no se trata de un suceso aislado. Constituye un caso más de asesinato por odio e intolerancia, y una razón más para llevar a cabo este proyecto.


El objetivo es, en definitiva, rendir homenaje a Miquel y a todas las víctimas de la Transición, así como romper silencios, despertar preguntas y transmitir emociones, dando voz a la educación, la música, el arte, la literatura o el periodismo y, cómo no, a la Historia misma.

La meta final és gravar un documental audiovisual amb totes les col·laboracions, amb materials escassos però suficients, un poc de creativitat i molt de sentiment.

 
 
  • Maëla Sanmartín

J u s t i c i a


Hablar del juicio realizado al asesino de Miquel Grau implica hablar de las limitaciones de una justicia que era (y es) heredera de un régimen franquista que mantuvo en el poder a los personajes más influyentes y respetados de la dictadura. El sistema de poder se consiguió mantener prácticamente intacto, y la reciente democracia no pretendía más que ocultar y disimular los pilares de una enorme y rígida estructura difícil de derrocar.



Leer los documentos sobre el juicio realizado a Miguel Ángel Panadero Sandoval supone adentrarse en un espacio lleno de dudas e incertezas. Implica preguntarse el porqué del comportamiento incoherente de la justicia española y del funcionamiento arbitrario de las instituciones. Supone cuestionar el papel del juez y el condenado, el del culpable y el de la víctima. Entender el juicio que derivó del asesinato de Miquel Grau es tratar de comprender qué se entiende por parcialidad e imparcialidad, es preguntarse cuál es la línea que separa lo justo de lo injusto, y es reflexionar acerca del papel del juez, del vencedor y del vencido.


Entender la condena y el posterior indulto que se le concedió a Miguel Ángel Panadero Sandoval es comprender que la justicia sí depende de los valores de una sociedad en una época determinada, que está marcada por las creencias y prioridades de un grupo de personas, y que su manera de obrar será diferente dependiendo del individuo al que se tenga que juzgar. La justicia obra, en ocasiones, según lo conveniente, según lo provechoso y lo ventajoso para una de las partes. Porque no todos los españoles son iguales ante la ley.


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Miguel Ángel Panadero Sandoval fue un joven militante del grupo de extrema derecha Fuerza Nueva, fundado en 1976 por Blas Piñar. Este joven había nacido en el seno de una familia adinerada. Era, de hecho, el hijo de un falangista propietario de unas gasolineras y que compartía vínculos con las personas poderosas del régimen. Miguel Ángel era el nacido en la casa de los millonarios, de aquellos protegidos por la dictadura, los afectos al régimen. Realmente, el franquismo era toda una estructura de contactos, de conveniencias y de ventajas para aquellos que formaban parte de ella. Era un entramado de corrupción del que la justicia también formaba parte.


Tras los hechos sucedidos el 6 de octubre de 1977 y la posterior muerte de Miquel Grau, se iniciaron los trámites para imponer una condena a Miguel Ángel Panadero Sandoval. El juicio tuvo lugar en Alicante el 2 de junio de 1978, y ese día acudieron a la Audiencia Provincial tanto familiares y compañeros de Miquel Grau como amigos de Sandoval y militantes de extrema derecha. Allí había desde testigos, abogados y procuradores, hasta personalidades públicas y representantes de la prensa. Cinco días después, la Audiencia Provincial de Alicante hacía pública su sentencia. En ella se condenaba a Miguel Ángel Panadero Sandoval a doce años y un día de reclusión menor, como autor responsable de un delito de homicidio sin agravantes.


La familia Sandoval, sin embargo, resentida, interpuso un recurso de casación al Tribunal Supremo, es decir, se opuso a la resolución judicial y por ello presentó una demanda para que la sentencia fuese revisada. Para ellos simplemente se trataba de una sentencia injusta, y por ello era necesario rectificar la condena. Miguel Ángel no era ningún culpable, no había motivo para arrepentirse ni razón para cumplir una pena. Además, los padres de Miquel Grau no recibieron ningún tipo de indemnización, ni por parte de la familia del asesino, ni por parte del Estado.


Durante sus primeros momentos en la cárcel alicantina de Benalúa, Sandoval recibió una notificación de la sentencia judicial, la cual rechazó y se negó a firmar. Más tarde, el 5 de agosto de 1978, el culpable fue trasladado a la cárcel de Ciudad Real. Se trataba de motivos de “seguridad personal”, según consta en el expediente judicial. Casualmente, Panadero Sandoval coincidió en esta nueva prisión con los imputados por el atentado contra los abogados de Atocha, todos ellos también de Fuerza Nueva.


A fecha del 22 de mayo de 1979 le llegó a Sandoval un preciado regalo. El Consejo de Ministros había acordado, por iniciativa del entonces ministro de Justicia Landelino Lavilla, el indulto parcial del culpable. Su condena pasaba de doce años a la de seis años y un día de prisión. Tan solo un año y 10 meses después (el 3 de marzo de 1981) le fue concedida a Panadero Sandoval la libertad provisional. A penas había pasado tres años en prisión, no hubo comunicación oficial de su liberación y la causa que se expone es, simplemente, “por su buen comportamiento”. Finalmente, el 12 de septiembre de 1982, Sandoval consiguió la libertad definitiva. Por tanto… había sido encarcelado en 1978 y liberado en 1982. Tan solo cuatro años pasaron entre el asesinato de Miquel y la liberación de su asesino.


Hoy, Miguel Ángel Panadero Sandoval ejerce como procurador en Valencia. Tras su puesta en libertad ha sido poseedor de cargos en cuatro empresas, entre las cuales se encuentran una estación de gasolineras, una empresa de venta y alquiler de viviendas, una empresa de seguros y un fondo de titulización bancario. Ahora, Sandoval vive una nueva vida en el olvido y el perdón, y figura oficialmente como Miguel Ángel Díaz-Panadero Sandoval. Se hizo añadir el apellido Díaz. Como si mudar su nombre pudiese potenciar su prestigio o borrar las huellas de su pasado.


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Parte de la justicia sigue en manos de los defensores de la dictadura, aquellos que fueron culpables de una guerra e instauradores de un régimen opresor, aquellos que decidieron concederse a sí mismos el mayor indulto, el de la absolución de sus faltas y la amnistía de sus crímenes, y aquellos que condenaron a quienes siempre habían estado por debajo de ellos: los pobres, los trabajadores, los incomprendidos. Los nadies.




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