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PROJECTE DOCUMENTAL MIQUEL GRAU

En Alacant el mataren

 

Una sociedad decente es aquella cuyas instituciones no humillan a ningún ciudadano

                                                              Margalit

 

Sobre el blog

La etapa que iba a traer la democracia en España no fue sino una prolongación del franquismo, un período de violencia indiscriminada que causaría heridas profundas en quienes vivieron aquella época. Pero también en quienes la recibieron como herencia.

Durante la Transición española se extendió por el país la represión, se mantuvo la censura y se reafirmó el silencio con el fin de esconder los hechos dramáticos y miserables del pasado. Efectivamente, el daño y el dolor sufrido en aquellos años ha llegado hasta nosotros como un peso enrome, incómodo, y a veces insoportable.

A Miquel Grau lo perdimos un día de 1977. Sucedió en Alicante, pero no se trata de un suceso aislado. Constituye un caso más de asesinato por odio e intolerancia, y una razón más para llevar a cabo este proyecto.


El objetivo es, en definitiva, rendir homenaje a Miquel y a todas las víctimas de la Transición, así como romper silencios, despertar preguntas y transmitir emociones, dando voz a la educación, la música, el arte, la literatura o el periodismo y, cómo no, a la Historia misma.

La meta final és gravar un documental audiovisual amb totes les col·laboracions, amb materials escassos però suficients, un poc de creativitat i molt de sentiment.

 
 
  • Maëla Sanmartín

Pacto de silencio, pacto de olvido. Pacte de silenci, pacte d'oblit.

La Transición se suele definir como el período en el cual España dejó atrás el régimen dictatorial del general Franco para instaurar en el país una nueva etapa democrática. Se la ha considerado como una vuelta a la normalidad política y al pacifismo, como una apuesta por el progreso social y un anhelo de convivencia amable entre españoles. Sin embargo, la realidad es que la Transición no fue, como siempre se ha dicho, modélica, y mucho menos pacífica.


Existen discrepancias entre los historiadores sobre cuáles son los acontecimientos que marcan el inicio y el final de la Transición. Por establecer unas fechas orientativas, podemos decir que se inicia el 20 de noviembre de 1975, con la muerte de Franco, si bien algunos historiadores adelantan la fecha al 20 de diciembre de 1973, momento del asesinato de Carrero Blanco, por su relevancia dentro de la estructura del régimen y la trascendencia que tuvo su desaparición. Como fecha final podemos establecer los años 1982-1983, cuando el PSOE gana las elecciones generales y se disuelve la UCD, partido que durante la Transición había estado en el poder, al mando de Adolfo Suárez.


En estos aproximadamente diez años de Transición, miles de personas se movilizaron y manifestaron por sus derechos, hartos de una dictadura que durante 40 años les había impedido decidir y expresarse. Frente a esta nueva situación, el Estado decidió extender por el país una violencia metódica y sistematizada. Los números lo dicen todo: desde el 20 de noviembre de 1975 hasta el 31 de diciembre de 1981, 2663 personas (entre muertos y heridos) fueron víctimas de la represión política del régimen. De entre ellas, 591 personas perdieron la vida, de las que 188 lo hicieron a causa de la violencia institucional.


Por una parte, fueron grupos de extrema derecha los que llevaron a cabo crímenes organizados en los pueblos y las ciudades. Pero lo más llamativo es que gran parte de estos fueron ideados por el propio Estado, por las propias instituciones oficiales, que respaldaron las agresiones, los ataques y los asesinatos. De hecho, en numerosos casos fueron la propia Policía y la Guardia Civil quienes ejercieron la violencia. Podemos nombrar el famoso caso de los sucesos de Vitoria de 1976, cuando un grupo de policías armados entró con gases lacrimógenos en una iglesia donde se encontraban reunidos miles de huelguistas. Cuando estos empezaron a salir, fueron atacados con pelotas de goma y disparos de armas de fuego, causando la muerte de cinco jóvenes e hiriendo a más de 150 personas. Debemos recordar también la matanza de Atocha de 1977, cuando tres pistoleros de extrema derecha entraron en un despacho de abogados provocando la muerte de cinco personas. Estos, aunque fueron hechos notables y relevantes, no fueron los únicos que tuvieron lugar en la Transición. No debemos olvidar que cientos de personas fueron asesinadas durante aquellos años. Más de cien personas con nombres y apellidos, con amigos y familia, en muchos casos jóvenes con toda una vida por delante que súbitamente les fue arrebatada.


Miquel Grau es el nombre de una de estas víctimas. Fue asesinado en 1977 por Miguel Ángel Díaz Panadero Sandoval, un militante perteneciente al partido de extrema derecha Fuerza Nueva. La muerte de Miquel Grau, al igual que la muerte de otros cientos de personas, tuvo, sin embargo, una trascendencia más allá de lo físico. El ladrillo que le lanzaron desde lo alto de un edificio no solo golpeó su cabeza, sino que causó un impacto mucho mayor, capaz de traspasar los corazones de las personas que lo conocían, que lo querían, que lo amaban. Capaz de herir a quienes hoy en día nos preguntamos el porqué de su muerte. El porqué de tantas muertes. El porqué del odio, la violencia y la intolerancia de aquella época, y del silencio y el olvido de la nuestra.




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